Discurso pronunciado por Jos? Manuel Gonz?lez-P?ramo, miembro del Comit? Ejecutivo del BCE,
Fundaci?n Ram?n Areces,
Madrid, 25 de marzo de 2010
Introducci?n
Se?oras y se?ores:
Debo comenzar por expresar mi agradecimiento a los organizadores, y de modo especial al profesor Alfonso Novales, por la invitaci?n a participar en este ciclo de conferencias organizadas por la Fundaci?n Areces, y por la oportunidad que me brindan de compartir con ustedes algunas reflexiones sobre un tema –la definici?n y ejecuci?n diligente de una estrategias de salida adecuadas– que es fundamental para poder garantizar la sostenibilidad de la recuperaci?n y para afrontar los retos del futuro. Es un verdadero placer y un honor visitar la sede de esta prestigiosa Fundaci?n.
Las turbulencias de los dos ?ltimos a?os y medio han llevado a las autoridades p?blicas a adoptar medidas para estabilizar los mercados financieros, los sectores bancarios y la econom?a que no tienen precedentes hist?ricos en cuanto a la magnitud de las actuaciones, la rapidez de su adopci?n y la frecuencia con la que se han decidido. No pod?a ser de otra forma, dadas la especificidad compleja de la crisis, su profundidad y su car?cter global.
Desde el primer momento, sin embargo, era evidente que la plena eficacia de dichas medidas requer?a el dise?o y la comunicaci?n al p?blico de unas estrategias de salida cre?bles. El reto era, y sigue siendo, preservar la integridad del marco de estabilidad macroecon?mica de la zona del euro y la confianza de los ciudadanos en la estabilidad de precios a medio y largo plazo y en la solidez de las finanzas p?blicas y del propio sistema financiero.
Medidas adoptadas durante la crisis
Perm?tanme comenzar recordando las medidas principales que los bancos centrales y los gobiernos de la zona del euro han adoptado durante la crisis financiera, agrup?ndolas en cuatro categor?as:
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ajustes a la pol?tica monetaria;
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la estrategia de apoyo al cr?dito;
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ajustes a la pol?tica fiscal; y
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medidas de apoyo al sistema financiero.
La respuesta de la pol?tica monetaria
En el ?mbito de la pol?tica monetaria, desde el principio de la fase de recrudecimiento de la crisis, el BCE ha ajustado a la baja significativamente sus tipos de inter?s oficiales en respuesta a la disminuci?n de los riesgos para la estabilidad de precios en la zona del euro.
El 8 de octubre de 2008, el BCE anunci? una reducci?n de 50 puntos b?sicos (hasta el 3,75%) de su tipo de inter?s de referencia, en una acci?n coordinada con otros bancos centrales, incluida la Reserva Federal. Desde entonces, el BCE ha reducido los tipos en 325 puntos b?sicos, en un contexto de descenso de las presiones inflacionistas en los horizontes temporales relevantes para la pol?tica monetaria, como reflejo del recrudecimiento de la crisis financiera y del deterioro de las perspectivas econ?micas.
La estrategia de apoyo al cr?dito
En un documento publicado recientemente por el Banco de Pagos Internacionales, Claudio Borio y Piti Disyatat (2009) se?alan que las respuestas extraordinarias a la crisis de los principales bancos centrales del mundo pueden catalogarse en dos distintos tipos de intervenciones: medidas referentes a los tipos de inter?s y medidas referidas a sus balances. Desde el principio de la crisis hubo un amplio consenso entre los principales bancos centrales respecto a la necesidad de una respuesta inusual por parte de la pol?tica monetaria, y que dicha respuesta no pod?a circunscribirse a las decisiones relativas a los tipos de inter?s. Era imprescindible recurrir a la expansi?n de los balances de los bancos centrales, puesto que la crisis financiera hab?a deteriorado significativamente algunos elementos esenciales del mecanismo de transmisi?n de los impulsos monetarios.
En la zona del euro, el Eurosistema ha recurrido a una serie de medidas extraordinarias que conjuntamente constituyen su estrategia de apoyo reforzado al cr?dito (v?ase Gonz?lez-P?ramo, 2009). Las medidas de gesti?n activa de la liquidez vinieron acompa?adas por una intensificaci?n de la comunicaci?n con el mercado y por un reforzamiento de la cooperaci?n con otros bancos centrales.
Con su estrategia de apoyo al cr?dito, el Eurosistema se ha esforzado por mitigar los riegos derivados de la crisis para la estabilidad financiera y macroecon?mica, centr?ndose en los siguientes objetivos: 1) favorecer el correcto funcionamiento del mercado monetario interbancario; 2) relajar las condiciones de financiaci?n para las entidades de cr?dito y mejorar con ello el flujo de cr?dito a la econom?a en mayor medida de lo que se lograr?a bajando los tipos de inter?s oficiales; e 3) incrementar la liquidez en segmentos importantes del mercado de valores de renta fija privada, que desempe?an un papel importante en la provisi?n de financiaci?n a las entidades de cr?dito.
M?s concretamente, la estrategia del Eurosistema de apoyo al cr?dito se articula fundamentalmente sobre cinco pilares:
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responder plenamente a los requerimientos de liquidez de las entidades de cr?dito empleando un procedimiento de subasta a tipo fijo con adjudicaci?n plena en las operaciones de financiaci?n del BCE;
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ampliar temporalmente la lista de los activos de garant?a admisibles;
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ampliar los plazos de vencimiento de las operaciones de financiaci?n a plazo m?s largo;
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suministrar financiaci?n en las divisas m?s relevantes; y
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desde julio de 2009, prestar respaldo al mercado financiero realizando adquisiciones en firme de bonos bancarios colateralizados (c?dulas y t?tulos similares).
Es importante notar que todas estas medidas extraordinarias se centran en las entidades de cr?dito. De hecho, la respuesta del Eurosistema a la crisis se ha dirigido prioritariamente a ofrecer soporte al sector bancario, teniendo en cuenta que, en la zona del euro, estas entidades desempe?an un papel fundamental en tanto que son la fuente principal de financiaci?n para la econom?a real. [1]
En conjunto, las medidas excepcionales adoptadas han demostrado ser muy efectivas. Con su adopci?n se ha garantizado un nivel adecuado de liquidez para el sistema bancario de la zona del euro a unas condiciones favorables, a fin de apoyar la provisi?n de cr?dito a los hogares y las empresas, contribuyendo con ello a la reactivaci?n de la econom?a de la zona del euro.
Como resultado de estas amplias condiciones de liquidez, el EONIA se ha situado en un nivel pr?ximo al tipo aplicable a la facilidad de dep?sito, es decir, el 0,25%. Asimismo, dichas medidas han contribuido a reducir los diferenciales de tipos en el mercado monetario, a aplanar el perfil de la curva de rendimientos a corto plazo y a reactivar el mercado de bonos garantizados, un instrumento clave de la financiaci?n de las entidades de cr?dito. Consecuencia de todo ello ha sido la sustancial reducci?n registrada en los tipos de inter?s de los pr?stamos a los hogares y las empresas.
La reacci?n de las pol?ticas fiscales
Frente a la intensificaci?n de la crisis econ?mica a partir del verano de 2008, y sin necesidad de medidas espec?ficas de las autoridades, los denominados estabilizadores autom?ticos han contribuido significativamente a la expansi?n presupuestaria. Dadas las perspectivas de una grave recesi?n, los gobiernos de la zona del euro anunciaron en oto?o una serie de medidas discrecionales coordinadas de est?mulo a la actividad. Seg?n las estimaciones de la Comisi?n Europea, el impulso presupuestario representar? cerca de un 5% del PIB acumulado para 2009 y 2010. Se trata de una cifra muy elevada, tambi?n en comparaci?n con otras grandes regiones econ?micas.
Las previsiones de oto?o de la Comisi?n Europea situaban el d?ficit p?blico de la zona del euro en el 6,4% en 2009 y en el 6,9% en 2010, elevando la deuda p?blica hasta cerca del 84% del PIB. Asimismo, en 2010 el d?ficit probablemente superar? el valor de referencia del 3% del PIB en todos los pa?ses de la zona del euro.
La magnitud del est?mulo presupuestario como palanca para la recuperaci?n econ?mica est?, ciertamente, justificada. Pero esa misma dimensi?n hace especialmente importante, primero, acertar en el dise?o de las medidas, teniendo en cuenta la situaci?n presupuestaria de cada pa?s, a fin de garantizar que el dinero de los contribuyentes se gaste de manera adecuada y eficiente y, segundo, que los programas se entiendan y se dise?en como temporales.
Las medidas de apoyo al sistema financiero
Los gobiernos europeos han adoptado iniciativas decisivas y coordinadas para estabilizar el sector bancario y mitigar el riesgo de una severa contracci?n del cr?dito. A este fin, los gobiernos han facilitado un respaldo financiero sustancial mediante recapitalizaciones, esquemas de protecci?n de activos y prestaci?n de garant?as a las emisiones de las entidades bancarias europeas.
As?, los gobiernos han puesto a disposici?n de las entidades de cr?dito de la zona del euro hasta 130 mm de euros en inyecciones de capital, 1,7 billones en garant?as para la emisi?n de bonos y unos 240 mm en esquemas de protecci?n de activos. Por distintos motivos, su utilizaci?n efectiva es todav?a reducida, si bien su volumen total parece adecuado a las potenciales p?rdidas derivadas de pr?stamos fallidos y activos da?ados. Debe decirse, al mismo tiempo, que el dise?o de estas medidas no deber?a ser un obst?culo a la necesaria reestructuraci?n en los casos de sobredimensionamiento o de debilidad del modelo de negocio.
Las medidas adoptadas deben de aplicarse de forma que se mantenga una situaci?n de igualdad de condiciones en el mercado financiero ?nico de la UE y se minimice la carga para las finanzas p?blicas. Estos principios se han incorporado a una serie de recomendaciones efectuadas por el BCE a petici?n de la Comisi?n, en relaci?n, por ejemplo, con la fijaci?n de los precios de la recapitalizaci?n y de las garant?as de los gobiernos.
?Por qu? necesitamos estrategias de salida?
Como he indicado antes, los efectos excepcionalmente negativos de la crisis han requerido respuestas extraordinarias por parte de las autoridades p?blicas. No obstante, a medida que la situaci?n econ?mica y financiera se va normalizando, es importante revertir la orientaci?n excepcionalmente acomodaticia de las condiciones monetarias, a la que se ha llegado con la aplicaci?n de unos tipos de inter?s oficiales hist?ricamente bajos y de medidas extraordinarias de apoyo al cr?dito.
Indudablemente, si una mejora significativa de las perspectivas de la actividad econ?mica no viniera acompa?ada de un ajuste adecuado del rumbo de la pol?tica monetaria, las actuales condiciones monetarias podr?an llegar a ser excesivamente laxas, con lo se crear?an riesgos para la estabilidad de precios.
Por otra parte, la experiencia de la pasada d?cada ha llevado a muchos economistas a concluir que un per?odo prolongado de condiciones monetarias expansivas, especialmente a nivel mundial, podr?a facilitar en exceso el acceso al cr?dito en los sistemas financieros internacionales. La facilidad para obtener cr?dito puede distorsionar gravemente los precios de los activos financieros, puesto que los agentes adoptan un comportamiento especulativo que, en ?ltima instancia, podr?a favorecer la emergencia de desequilibrios financieros.
Las medidas extraordinarias de pol?tica monetaria adoptadas por el Eurosistema han sido concebidas como una estrategia temporal. Algunas de ellas se retiran naturalmente en ausencia de una decisi?n expl?cita de continuar su aplicaci?n. Otras se han suprimido ya, en vista de la mejora del funcionamiento de los mercados financieros y del mecanismo de transmisi?n de la pol?tica monetaria o por falta de demanda.
La retirada gradual de las medidas extraordinarias es esencial para mantener un firme anclaje de las expectativas de inflaci?n del sector privado. La p?rdida de este anclaje ser?a contraproducente para las medidas extraordinarias, en cuyo caso, sus efectos beneficiosos para la econom?a quedar?an neutralizados por una serie de factores adversos, como el incremento de las primas por riesgo de inflaci?n y la volatilidad de los tipos de inter?s.
Aparte de estas consideraciones de car?cter m?s macroecon?mico, existen otras razones –relacionadas con las distorsiones del funcionamiento de los mercados y con el comportamiento de los agentes– por las que los bancos centrales no deber?an mantener las medidas extraordinarias de liquidez una vez que las condiciones financieras y de los mercados las hagan innecesarias.
En particular, si se prolongase la provisi?n de liquidez del banco central a tipo de inter?s fijo y con adjudicaci?n plena, podr?an reducirse los incentivos de los bancos comerciales para continuar sus actividades de financiaci?n basada en el mercado.
De hecho, el Eurosistema act?a de intermediario de los flujos de liquidez entre las entidades de cr?dito a fin de mitigar los efectos adversos del mal funcionamiento de los mercados monetarios en la liquidez de entidades de cr?dito solventes. La creciente importancia de este papel de intermediaci?n, aunque justificada por la gravedad de la crisis, no es plenamente coherente con los principios que deben regir en circunstancias normales en una econom?a de mercado como la zona del euro. En consecuencia, tras el restablecimiento de las condiciones econ?micas y financieras necesarias para el funcionamiento normal de los mercados, deben retornar los incentivos para los pr?stamos interbancarios.
Por otra parte, continuar la provisi?n de liquidez del banco central a condiciones favorables podr?a restar incentivos para acometer los ajustes y la reestructuraci?n necesarios del sistema bancario.
Asimismo, a medida que la situaci?n del sistema financiero mejora y se refuerza la confianza del p?blico, es importante retirar las medidas extraordinarias de apoyo a los bancos para evitar que ?stas acaben por convertirse en un factor distorsionante de las condiciones de competencia en el mercado financiero ?nico de la UE.
La elaboraci?n de una estrategia de salida apropiada es igualmente importante, y posiblemente m?s dif?cil, en el caso de las medidas de pol?tica fiscal adoptadas por los gobiernos.
Durante la crisis, los gobiernos actuaron correctamente dejando crecer el d?ficit para que la pol?tica fiscal pudiese contribuir a la mejora de la econom?a a corto plazo. Pero, en el presente, los d?ficit p?blicos son elevados y, en muchos pa?ses, muy altos; adem?s, en la mayor?a, la ratio de deuda en relaci?n con el PIB es elevada y sigue aumentando. La atenci?n de los mercados financieros se centra cada vez m?s en la valoraci?n de los riesgos de solvencia de los gobiernos.
Hay que reconocer que el d?ficit p?blico agregado de la zona del euro es actualmente –en parte, gracias al Pacto de Estabilidad y Crecimiento– significativamente m?s bajo que en otras econom?as importantes, lo que supone cierta tranquilidad aunque sea limitada. Para poner orden en el ?mbito presupuestario, es necesario actuar sin demora, especialmente en los pa?ses en los que la situaci?n fiscal ha registrado mayor deterioro, a fin de evitar que las perspectivas de crecimiento a largo plazo se vean comprometidas por los altos niveles de d?ficit p?blico.
En este momento, la cuesti?n clave para la pol?tica fiscal no es tanto <> sino <> y <> debe iniciarse el saneamiento presupuestario.
Anteriormente he afirmado que el crecimiento del d?ficit p?blico de los pa?ses de la zona del euro durante la crisis se debi? principalmente a un proceso autom?tico m?s que al efecto de las medidas discrecionales de est?mulo fiscal. Sin embargo, no siempre lo que sube autom?ticamente baja de la misma forma.
La crisis ha situado a nuestras econom?as en una senda de menor crecimiento del producto potencial, aunque todav?a no sabemos exactamente su nuevo nivel. Desde la perspectiva de hoy, la naturaleza de los d?ficit c?clicos del pasado tiene un mayor componente estructural. El sector p?blico tiene que adaptarse a la nueva realidad de una actividad econ?mica m?s reducida. En muchos pa?ses, esto significa que habr? que adoptar decisiones dif?ciles durante los pr?ximos a?os.
A largo plazo, el saneamiento presupuestario –es decir, la recuperaci?n de la sostenibilidad de las finanzas p?blicas– es claramente beneficioso para el crecimiento de la econom?a, aunque pueda tener un coste a corto plazo.
?Significa esto que en las actuales circunstancias deber?a posponerse la consolidaci?n presupuestaria hasta que la recuperaci?n est? afianzada? Obviamente, siempre debe evitarse un endurecimiento fiscal prematuro que devuelva a la econom?a a la recesi?n, pero, exceptuando este caso, los ajustes fiscales deber?an comenzar cuanto antes. Mientras la pol?tica presupuestaria se adentre o se mantenga en un curso insostenible, con ratios de deuda p?blica cada vez mayores, los costes sociales de retrasar la correcci?n exceder?n con seguridad los derivados de una actuaci?n oportuna.
Cuando consideramos la estrategia de salida monetaria y fiscal desde una perspectiva conjunta, se aduce con frecuencia que es preferible que la pol?tica fiscal se ajuste antes y en mayor medida que la pol?tica monetaria. Al mismo tiempo, una orientaci?n fiscal m?s restrictiva se traduce en una moderaci?n de las presiones inflacionistas y de las expectativas de inflaci?n.
Para una pol?tica monetaria orientada a la estabilidad, esto implicar?a un margen temporal m?s amplio para la supresi?n gradual de las medidas de est?mulo monetario. Sin embargo, este razonamiento olvida que, por su naturaleza, las medidas fiscales carecen de mecanismos eficaces que aseguren su reversibilidad, por lo que su retirada queda condicionada al supuesto de que todos los actores cumplir?n las promesas de consolidaci?n hechas ex ante. Y todos sabemos que este supuesto no siempre se materializa.
En primer lugar, en la zona del euro conviven muchas autoridades presupuestarias, por lo que predecir la futura orientaci?n de la pol?tica fiscal y traducirla correctamente en decisiones de pol?tica monetaria no es tarea f?cil. En este contexto, resultar?a especialmente costoso que un retraso de la pol?tica monetaria comprometiese la estabilidad de precios o, igualmente importante, el s?lido anclaje de las expectativas de inflaci?n a medio plazo. Para decirlo de otra forma, la orientaci?n a medio plazo de la pol?tica monetaria del Eurosistema es el “ancla nominal”, y constituye el instrumento m?s importante de coordinaci?n impl?cita para todos los dem?s agentes econ?micos con sus diversas responsabilidades, incluidas las autoridades fiscales. No debemos poner este ancla en peligro.
En segundo lugar, la funci?n de la pol?tica monetaria se facilita si la orientaci?n futura de la pol?tica fiscal resulta razonablemente previsible. En la zona del euro, el Pacto de Estabilidad y Crecimiento tiene como objetivo garantizar la solvencia de las finanzas p?blicas y, en consecuencia, un grado razonable de certidumbre fiscal. As? pues, los repetidos llamamientos del BCE instando a los gobiernos a cumplir los compromisos adquiridos conforme al Pacto no han sido caprichosos. Dichos compromisos, son de todos conocidos. Desde la perspectiva actual, el Consejo ECOFIN fij? en diciembre los plazos para la correcci?n del d?ficit en la mayor?a de los Estados miembros de la zona del euro. El Consejo recomend? asimismo planes de ajuste anual dirigidos a lograr estos objetivos. Estos planes de saneamiento est?n recogidos en los programas de estabilidad que los Estados miembros han presentado recientemente a la Comisi?n y al Consejo conforme a lo establecido en el Pacto de Estabilidad y de Crecimiento
No obstante, un plan o un objetivo son una cosa y su consecuci?n podr?a ser bien distinta. En el pasado, el grado de cumplimiento efectivo de algunos de los gobiernos de la zona del euro ha sido desigual, lo que ha creado un cierto d?ficit de confianza que hoy es imperativo eliminar.
Por tanto, es fundamental que los objetivos de saneamiento queden reflejados cuanto antes en planes detallados de recaudaci?n y de gasto. La elaboraci?n de planes de ajuste presupuestario detallados y cre?bles incrementar?a la confianza de los inversores, creando un entorno m?s favorable a largo plazo para la financiaci?n y ofrecer?a mayor certidumbre para las decisiones de ahorro e inversi?n de los hogares. Asimismo, facilitar?an la funci?n de la pol?tica monetaria de mantener la estabilidad de los precios durante el proceso de retorno gradual a un entorno monetario m?s normal tras la crisis.
Las lecciones de la crisis y los desaf?os para el futuro
La reforma de la arquitectura financiera internacional
La crisis que comenz? en el verano de 2007 se ha convertido con el paso del tiempo en una de las m?s econ?micamente da?inas y socialmente costosas de las experimentadas en el mundo en muchas d?cadas. Si queremos minimizar el riesgo de que se repita en el futuro, estamos obligados a extraer todas la lecciones que la crisis nos ha dejado. En lo que resta de mi intervenci?n, me limitar? a se?alar algunos de los desaf?os a los que habr?n de enfrentarse los reguladores, los bancos centrales y las autoridades responsables de la pol?tica fiscal.
Comenzar? por la regulaci?n financiera. La presente crisis ha puesto de manifiesto una serie de deficiencias en el marco regulador europeo e internacional, que han de subsanarse con urgencia a fin de fortalecer los fundamentos de nuestros sistemas financieros y de nuestras econom?as.
Como resultado, se han puesto en marcha diversas iniciativas en foros europeos e internacionales. Su n?mero y su alcance son impresionantes y muy prometedores. Al mismo tiempo, sin embargo, coincidiendo con la mejora gradual de las condiciones de los mercados financieros, del sector bancario y, en t?rminos m?s generales, de la econom?a, la urgencia de aplicar reformas a la arquitectura financiera para prevenir crisis similares en el futuro parece haberse desvanecido a los ojos de algunos importantes grupos de inter?s.
Cada vez con m?s frecuencia, se oyen explicaciones de por qu? tales reformas deber?an posponerse a un momento futuro o abandonarse por completo. Algunos de estos argumentos son: que las actuales reformas reguladoras podr?an llevar a una sobrerreacci?n normativa; que tales reformas frenar?an la innovaci?n y el desarrollo financieros, que han sido los motores del crecimiento econ?mico de las ?ltimas d?cadas; que crear?an m?s riesgo en el mundo empujando a los bancos hacia centros financieros no regulados; que tendr?an un coste muy elevado para las entidades de cr?dito y, en ?ltima instancia, para sus clientes; que mientras puedan obtenerse beneficios, las entidades de cr?dito encontrar?n la forma de evitarlas. Estas y otras muchas razones componen una letan?a de argumentos, cuyo ?nico objetivo es convencernos de las ventajas de volver a la situaci?n anterior a la crisis.
Perm?tanme decirles que, en mi opini?n, esto no es posible. No hay retorno al status quo ante. Cuando consideramos la gravedad del coste econ?mico y social de la crisis y la cantidad de recursos p?blicos empleados para reactivar el sector financiero, todos deber?amos aceptar el principio de que, sencillamente, no podemos volver al mundo de antes de la crisis. Tanto las autoridades p?blicas como las instituciones financieras tienen una responsabilidad colectiva para corregir las debilidades de los marcos de regulaci?n y de supervisi?n a la mayor brevedad.
Para subrayar la enorme ambici?n de las reformas de la arquitectura financiera internacional, se podr?an destacar diez ?mbitos en los que se debe progresar. Hoy es imperativo:
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afrontar los riesgos que representan las instituciones sist?micamente importantes creando herramientas (por ejemplo, mayores exigencias de capital y de liquidez, l?mites al alcance o a la variedad de sus actividades) que reduzcan las consecuencias para la sociedad de instituciones <>;
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revisar los procedimientos de resoluci?n bancaria y de la legislaci?n sobre insolvencia para garantizar una liquidaci?n ordenada de instituciones transfronterizas complejas muy interconectadas en caso de quiebra;
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reforzar las principales infraestructuras y los mercados financieros, por ejemplo, mediante la promoci?n de entidades centrales de contrapartida y la revisi?n de las normas de supervisi?n de las infraestructuras de los mercados financieros;
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mejorar la calidad, la cantidad, la consistencia y la transparencia del capital de las entidades de cr?dito;
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aplicar ratios de apalancamiento no basadas en el riesgo para complementar los requerimientos de recursos propios basados en el riesgo y contribuir a frenar el crecimiento excesivo del balance de las entidades bancarias;
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introducir un tratamiento armonizado para el riesgo de liquidez;
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dise?ar y aplicar reservas de capital y provisiones con perspectiva de futuro, a fin de mitigar la naturaleza proc?clica inherente a las actividades financieras:
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corregir incentivos distorsionados que, al recompensar los beneficios a corto plazo en detrimento del rendimiento a largo plazo, predisponen a los sistemas financieros hacia un comportamiento miope;
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mejorar la transparencia aumentando la disponibilidad de datos relevantes desde el punto de vista de la estabilidad financiera; y
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asentar los pilares del sistema financiero internacional en marcos de regulaci?n y supervisi?n nacionales pero internacionalmente coordinados, y en los que la supervisi?n macroprudencial debe recibir una atenci?n adecuada.
Todas estas reformas est?n avanzando gracias a la labor realizada por el Consejo de Estabilidad Financiera, por el Comit? de Supervisi?n Bancaria de Basilea y por otros ?rganos internacionales para convertir los diagn?sticos en propuestas concretas de reforma. Sin embargo, en la situaci?n actual no existe margen para la complacencia. No basta con dise?ar las reformas, si no que hay que aplicarlas con urgencia y de manera coordinada a nivel global. Esta ingente tarea merece nuestro pleno respaldo.
El papel del banco central en el mantenimiento de la estabilidad financiera
Con relaci?n a la supervisi?n macroprudencial, una lecci?n muy importante que nos ha dejado la crisis es la necesidad de redefinir el marco de regulaci?n y supervisi?n de la UE a favor de una orientaci?n macroprudencial o sist?mica.
La supervisi?n macroprudencial se refiere al sistema financiero en su conjunto y abarca el seguimiento, la valoraci?n y la reducci?n del riesgo sist?mico. Este enfoque de supervisi?n, reconoce que el riesgo sist?mico es, en parte, de origen end?geno, puesto que depende del comportamiento colectivo de las instituciones financieras y de sus interconexiones, as? como de la interacci?n entre los mercados financieros y la macroeconom?a. Las pol?ticas macroprudenciales est?n dirigidas a minimizar la formaci?n de desequilibrios financieros y a garantizar que el sistema financiero tenga capacidad y fortaleza para afrontar una correcci?n de tales desequilibrios y la aparici?n de perturbaciones imprevistas.
Como ha destacado el Informe del Grupo de Larosi?re, los bancos centrales tienen una situaci?n privilegiada para asumir la responsabilidad principal de la supervisi?n macroprudencial, por su experiencia y su capacidad anal?tica de los ?mbitos monetarios y de la estabilidad financiera, y por su cercan?a a los mercados monetarios y financieros.
Las estrechas interconexiones entre el sistema financiero y la macroeconom?a son otro motivo para atribuir a los bancos centrales la competencia referida al an?lisis macroprudencial y a la formulaci?n de las recomendaciones pertinentes. Las pol?ticas macroprudenciales pueden contribuir a reducir el car?cter proc?clico de diversos factores en el sistema financiero. Estas podr?an requerir actuaciones reguladoras y supervisoras de alcance considerable que podr?n concretarse en directrices generales o en recomendaciones concretas referidas a los instrumentos prudenciales.
En la UE, el Consejo Europeo de Riesgo Sist?mico (CERS) tendr? encomendada la vigilancia macroprudencial, y su funci?n ser? identificar y evaluar los riesgos para la estabilidad del sistema financiero de la UE y emitir alertas si considera que los riesgos identificados parecen ser significativos. Cuando resulte apropiado, el CERS podr? complementar dichas alertas con recomendaciones sobre las medidas correctoras que convenga adoptar.
El BCE facilitar? apoyo anal?tico, estad?stico, administrativo y log?stico al CERS. En particular, el BCE prestar? asistencia al CERS en la recolecci?n de datos y en la elaboraci?n de las estad?sticas. El BCE tambi?n colaborar? con el CERS creando y aplicando nuevas herramientas y metodolog?as anal?ticas para la identificaci?n y la evaluaci?n de los riesgos sist?micos y la emisi?n de alertas de riesgo.
No es necesario decir que la creaci?n del CERS no altera en modo alguno la distribuci?n de responsabilidades entre los ?rganos e instituciones competentes establecida en el Tratado de la UE, particularmente en lo referido al mantenimiento de la estabilidad de precios como el objetivo prioritario de la pol?tica monetaria del BCE. Al mismo tiempo, la asignaci?n de cometidos espec?ficos relacionados con el funcionamiento del CERS al BCE supone un reforzamiento de su capacidad para cumplir la funci?n de contribuir al mantenimiento de la estabilidad financiera que le asigna el Tratado.
La pol?tica monetaria y el precio de los activos
Otro de los retos para el futuro es la redefinici?n del papel que los precios de los activos deber?an tener en las estrategias de pol?tica monetaria. Como nos muestra la crisis financiera actual, los costes macroecon?micos de la inestabilidad financiera y las dificultades que ?sta representa para el mantenimiento de la estabilidad de precios constituyen un argumento para intentar evitar la aparici?n de burbujas de precios de activos. Una cuesti?n conexa pero distinta es si la pol?tica monetaria deber?a ocuparse de ello.
A este respecto, es necesario sopesar cuidadosamente varias consideraciones. En primer lugar, sabemos que identificar las burbujas de precios en tiempo real resulta extremadamente dif?cil. En segundo lugar, se aduce con frecuencia que los aumentos de los tipos de inter?s que se requerir?an para aminorar las fluctuaciones de los precios de los activos en tiempos de <> ser?an tan elevados que podr?an tener repercusiones negativas para la estabilidad macroecon?mica [2].
Sobre la base de estos argumentos, ampliamente aceptados en los entornos acad?micos y de banca central, un punto de vista, quiz? predominante en el pasado, postula que es preferible esperar a que la burbuja estalle por s? sola y relajar despu?s agresivamente la pol?tica monetaria para dar apoyo al sistema bancario y a la econom?a. La fuerte relajaci?n de la pol?tica monetaria tras el estallido de la burbuja favorecer?a la estabilidad de precios y la estabilidad financiera, si bien a expensas de la posibilidad de generar riesgo moral, y favoreciendo una asunci?n excesiva de riesgos en el futuro.
Una v?a alternativa es <>, modulando la pol?tica monetaria de forma que sea acomodaticia en los per?odos de bajada de los precios de los activos y restrictiva durante los ciclos de alzas de los mercados financieros. Con esta actuaci?n, el banco central contribuir?a a suavizar los ciclos alcistas y bajistas de precios de activos y sus posibles costes en t?rminos de estabilidad macroecon?mica y financiera.
El principal argumento contra este enfoque es el riego que la prima del seguro asociada a esta pol?tica podr?a ser excesivamente elevada si la pol?tica monetaria reaccionase equivocadamente ante movimientos de precios de activos causados por variables fundamentales de la econom?a. Este riesgo est? relacionado con la dificultad de identificar los desajustes de los precios de activos en tiempo real.
Sin embargo, dicho riesgo no deber?a ser la coartada perfecta para la pasividad de la pol?tica monetaria. Como muestran recientes estudios realizados por investigadores del Banco de Pagos Internacionales [3] existen indicadores adelantados basados en la evoluci?n monetaria y crediticia que pueden ayudar a identificar movimientos extraordinarios de los precios de los activos y, con ello, a determinar la necesidad de actuaci?n de la pol?tica monetaria.
La estrategia de pol?tica monetaria del BCE est? bien preparada para afrontar los riesgos generados por la trayectoria de los precios de los activos. M?s concretamente, dos caracter?sticas de la pol?tica monetaria del BCE ofrecen el marco adecuado para este fin:
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en primer lugar, el horizonte a medio plazo de la definici?n del objetivo de estabilidad de precios –una tasa de inflaci?n inferior, aunque pr?xima al 2% a medio plazo– permite una orientaci?n de la pol?tica monetaria m?s restrictiva o acomodaticia de lo que se justificar?a atendiendo estrictamente a las presiones inflacionistas durante un per?odo de ascenso o descenso r?pido de los precios de los activos;
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en segundo lugar, el an?lisis del BCE de la evoluci?n del dinero y del cr?dito est? dirigido a identificar riesgos de inflaci?n a largo plazo y puede tambi?n ofrecer se?ales de intensificaci?n de desequilibrios financieros.
La sostenibilidad de las finanzas p?blicas
Me referir?, por ?ltimo, a los retos a los que se enfrenta la pol?tica fiscal. No es f?cil precisar hasta qu? punto la respuesta fiscal de la zona del euro ante la crisis ha estado condicionada por la estructura de la UEM y, en particular, por la normativa presupuestaria europea. Podr?a arg?irse que la respuesta es <>.
En efecto, el apoyo gubernamental prestado al sector financiero ha sido en su mayor parte el resultado de operaciones financieras o fuera de balance, por lo que, de acuerdo con lo dispuesto en el Protocolo de D?ficit Excesivo, anejo al Tratado de Lisboa, no ha tenido repercusiones en el d?ficit. Obviamente, no ha existido una decisi?n concertada de mantener los niveles de d?ficit y de deuda previstos en el Tratado por debajo de sus techos respectivos, 3% y 60% del producto interior bruto, con independencia de la situaci?n de la econom?a. Si retrocedemos al oto?o de 2008, era ya evidente que la mayor?a de los pa?ses se dirig?an a una situaci?n de d?ficit <> en el sentido del Tratado, si no en 2008, ciertamente en 2009. No obstante, la mayor?a de los gobiernos de la zona del euro aplicaron medidas de est?mulo fiscal. En efecto, los elevados d?ficit presupuestarios registrados en casi todos los pa?ses industrializados durante el a?o pasado no son acordes con el l?mite del 3% para el d?ficit p?blico establecido en el Tratado y en el Pacto de Estabilidad y Crecimiento.
As? pues, en lo que se refiere a la pol?tica presupuestaria, podr?a afirmarse que, en cierto modo, el Tratado y el Pacto de Estabilidad y Crecimiento fueron sencillamente ignorados, y tratados como un obst?culo molesto que se ha dejado de lado. Sin embargo, creo que, al menos por cuatro razones, este punto de vista ser?a demasiado simplista y poco acertado.
En primer lugar, el Pacto de Estabilidad y Crecimiento tiene sus <>. De acuerdo con lo dispuesto en el Pacto, se entiende que una recesi?n es grave –es decir, que podr?a generar un d?ficit superior al valor de referencia del 3% del PIB– si se registra una tasa negativa de crecimiento del producto o un per?odo prolongado de bajo crecimiento en relaci?n con el potencial. De acuerdo con este o con cualquier otro criterio, las circunstancias que se dieron en el punto ?lgido de la crisis econ?mica y financiera eran muy graves y justificaban una respuesta excepcional de la pol?tica fiscal.
En segundo lugar, algunos pa?ses de la zona del euro –incluida Espa?a– entraron en la crisis con posiciones de partida relativamente fuertes en lo que se refiere a bajos niveles de deuda p?blica y/o super?vit presupuestario. Por tanto, en este sentido, al menos algunos pa?ses dispon?an de margen de maniobra fiscal al principio de la crisis.
En tercer lugar, el alcance de las medidas discrecionales de est?mulo fiscal adoptadas por los gobiernos de la zona del euro ha reflejado la fortaleza o la debilidad de su situaci?n presupuestaria inicial. Los paquetes de est?mulo fiscal han sido comparativamente sustanciales en pa?ses con un bajo nivel de deuda o con super?vit como Espa?a y Alemania, pero pr?cticamente inexistentes en pa?ses con altos niveles de deuda, como Italia.
Y, por ultimo, en la zona del euro, el est?mulo fiscal discrecional no ha sido en realidad muy significativo. Seg?n la Comisi?n Europea, las medidas adoptadas por los gobiernos de la zona del euro, de acuerdo con el Plan Europeo de Recuperaci?n Econ?mica, representaron aproximadamente un 1% del PIB agregado en 2009. E incluso esta estimaci?n es probablemente un poco exagerada, puesto que excluye el hecho de que en algunos pa?ses se acordaron tambi?n subidas de impuestos y recortes del gasto.
El aumento del d?ficit p?blico en los pa?ses de la zona del euro durante la crisis hay que atribuirlo, en su mayor parte, no a las medidas discrecionales de est?mulo, sino a la respuesta autom?tica de la pol?tica fiscal frente al descenso del producto y de la inflaci?n. Los ingresos tributarios cayeron como consecuencia de la bajada de los salarios, de los beneficios, del consumo y de los precios de los activos, mientras que el gasto social se increment? debido al crecimiento del desempleo. Por otra parte –y esto es algo que tiende a olvidarse– la aplicaci?n de los presupuestos de gasto expresados en t?rminos monetarios, en un contexto de bajada de la inflaci?n mayor de lo esperado, ha significado un aumento del gasto en t?rminos reales y, por supuesto, mayores niveles de d?ficit. En contraste con Europa, en Estados Unidos puede atribuirse a las medidas discrecionales de est?mulo una mayor proporci?n del aumento del d?ficit relacionado con la crisis, aunque esto podr?a justificarse considerando el menor tama?o del sector p?blico estadounidense.
La cuesti?n de fondo es que en la zona del euro se habr?an registrado d?ficit p?blicos muy por encima del valor de referencia del 3% del PIB establecido en el Tratado, incluso sin medidas discrecionales de est?mulo. Intentar evitar este resultado coincidiendo con la peor recesi?n en muchas d?cadas, y en un contexto de fuerte incertidumbre, era para la mayor?a de los pa?ses una opci?n poco realista.
Pero, incluso en estas circunstancias extremas, la normativa fiscal europea no qued? aparcada. Dado que el d?ficit real o esperado de algunos pa?ses ha sobrepasado el valor de referencia del 3%, se han iniciado diversos procedimientos de d?ficit excesivo en la forma prevista en el Tratado y en el Pacto de Estabilidad y Crecimiento. El impacto de dichos procedimientos no es despreciable, ya que con ellos se ha obligado a los pa?ses a los que se dirigen, desde una fase relativamente temprana, a adoptar un compromiso formal y p?blico referente a las estrategias de ajuste presupuestario que han de poner en pr?ctica en la salida de la crisis.
Sin embargo, no cabe duda que la crisis tambi?n ha demostrado que existe un margen para mejorar la coordinaci?n de las pol?ticas fiscales en Europa. La coordinaci?n tiene que ser m?s estrecha y prever el fortalecimiento de los mecanismos de seguimiento y vigilancia por parte de las autoridades europeas. A tal fin, es esencial garantizar la calidad de los datos presupuestarios del sector p?blico y su conformidad con el marco estad?stico europeo. La fiabilidad de las estad?sticas fiscales constituye una condici?n imprescindible para garantizar la eficacia y credibilidad del marco multilateral de vigilancia.
D?jenme finalmente subrayar que la crisis ha confirmado, asimismo, que el mantenimiento sistem?tico de diferenciales positivos de inflaci?n de algunos pa?ses miembros en relaci?n con el resto de la zona del euro acaba por suponer p?rdidas de competitividad y un mayor desempleo en dichos pa?ses. Es probablemente ahora cuando mejor se entiende la continua insistencia del Banco Central Europeo en la necesidad de adoptar medidas oportunas de reforma estructural de los mercados de bienes, servicios y trabajo para aumentar la flexibilidad y la resistencia de las econom?as nacionales de la zona del euro. Cuando los diferenciales de inflaci?n nacionales tienen su origen en pol?ticas e instituciones nacionales inapropiadas, es imprescindible la adopci?n de reformas estructurales por parte de los gobiernos nacionales. Lejos de ser un coste, las reformas son la condici?n necesaria para poder disfrutar de forma plena los beneficios de pertenecer a la moneda ?nica.
Comentarios finales
Resulta a?n prematuro determinar con precisi?n la efectividad de las medidas de los bancos centrales y los gobiernos para estabilizar el sistema financiero y la econom?a de la zona del euro. No obstante, es indiscutible que, a grandes rasgos, estas actuaciones han sido efectivas.
Ahora es imperativo evitar que el apoyo al sistema financiero y a la actividad econ?mica a corto plazo pueda verse contrarrestado por los efectos negativos asociados a la p?rdida de confianza de los ciudadanos en la estabilidad de precios y en la solidez de las finanzas p?blicas a largo plazo. Es imprescindible, por tanto. que los paquetes de medidas incluyan estrategias de salida cre?bles.
Y a este fin, es particularmente importante que los gobiernos asuman compromisos cre?bles y coherentes con un pronto retorno a posiciones fiscales saneadas, en l?nea con el Pacto de Estabilidad y Crecimiento, a fin de preservar la integridad del marco presupuestario de la UE y la confianza de los ciudadanos en la sostenibilidad de las finanzas p?blicas.
Referencias
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Borio, C. y P. Disyatat (2009), “Unconventional monetary policies: an appraisal”, documento de trabajo n? 292, Noviembre, BPI.
Borio, C. y P. Lowe (2002), “Asset prices, financial and monetary stability: Exploring the nexos”, documento de trabajo n? 114, Julio, PBI.
Gonz?lez-P?ramo, J. M. (2009), “Financial market failures and public policies: A central banker’s perspective on the global financial crisis”, Hacienda P?blica Espa?ola. Revista de Econom?a P?blica, 190(3), pp. 127-156.
Grupo de Larosi?re (2009), “El informe del grupo de alto nivel sobre supervisi?n financiera en la UE presidido por Jacques de Larosi?re, Febrero.
Papademos (2009): <> discurso pronunciado en la conferencia 37th Economics Conference <>, Viena.
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